La normalidad de Martín
golpes bajos de tierragramas on 6/08/2009 at 12:10 AM.
Martín es un tipo normal, pero tiene seis dedos en su mano izquierda. Simple, como a él le gusta decirlo. Esa es su carta de presentación y su distintivo en cualquier tipo de reunión: hola, soy un tipo normal, pero tengo seis dedos en mi mano izquierda. Una manera de asegurarse que todos lo sepan de entrada, y de ahorrarse los comidillos a sus espaldas. Y si bien, de frentón, la gente no sabe mucho qué decir, aceptan la rareza con interés y atención. Eso a Martín le encanta: siente que su dedo trae consigo una dosis extra de seguridad y orgullo. Y es un pilarcito dactilar al cual se sostiene con fuerza.
Y con el se impulsa.
Hace un tiempo, por ejemplo, todos en el grupo decidimos viajar mochileando hacia el sur. En esa ocasión, aparte de autodesignarse líder, Martín decidió que sería él quién haría dedo en la carretera: “bah, déjenme a mí que dedos tengo de más”. Y despejaba sus mangas y hacía señas estirando su mano izquierda con frenético orgullo, como diciendo “loco, de pura curiosidad nos llevan!”. Y aunque nos parecía que a distancia nada de eso resultaría, ¡Nos llevaban! Y ni que decir, ahí todo el viaje hablando del bendito dedo, de su niñez, de las burlas que lo hicieron más fuerte. Y nosotros, coanimando su show.
En ese mismo viaje, siguiendo con su liderazgo espiritual, decidió a qué lugares teníamos que ir, y con qué chicas teníamos que terminar de juerga para acabar con lo que se llama un buen polvo. Intuición, decía. Es decir, su rareza, según él, lo hacía un tipo especial, visionario, iluminado, y por lo mismo debía ser fiel a ese sentimiento y guiar el camino de los otros. Una ridiculez por donde se lo mire, pero que, cresta, aunque no me lo crean, al muy maldito le funcionaba: fue un paseo sencillamente memorable...
Sí, él es un tipo normal. Jodido, pero normal, y eso de tener seis dedos lo hace sentir un gurú superdotado rebosante de espiritualidad. Nosotros, de tanto que lo queremos, rara vez contradecimos sus opiniones. Para qué. Nos reímos, pero de ahí a ponernos serios y bajarle los humos... Salvo, claro está, si se pasa de la raya.
- Me carga sentir lástima por los que nacen con alguna mutación.- dijo una vez medio borracho – Y peor si la sienten por si mismos. Son milagros que deben ser agradecidos y tomados en cuenta. Son Bienformaciones. Un dedo más, por ejemplo, es un dedo más… búscale una función y ya está: del drama a la alegría. He aprendido a sacarle partido incluso en la cama…
- Ok, Ok - interrumpió una amiga - . Súper válido, pero no vas a comparar un dedo de más a un rostro deforme, o, no sé, una mano con escamas. ¿Haz visto una mano con escamas? Loco, no lo has visto...
Una mano con escamas… La respuesta de Magda, me acuerdo, lo descolocó. Es como si nunca lo hubiera pensado a ese nivel. Martín no es un tonto, pero resulta ser un poco, cómo decirlo… superficial. Vive en el círculo que encierran sus seis dedos. A lo más, es como si sobrevolara los temas, muy a la rápida. El problema es que esos mismos temas los discute como si fuera un erudito.
De todas formas no cambia. Sigue con sorpresas. Por ejemplo, estuvo de invitado en un famoso programa de rarezas de la tele. En el, los televidentes votaron telefónicamente para extirpar su dedo en vivo. Martín, muy ofendido, rechazó el premio (el primero en la historia del programa que lo ha hecho) y se retiró exigiendo explicaciones y disculpas que nunca llegaron; una semana después apareció en la portada de una conocida y prestigiosa revista científica, por la que recibió un suculento y jugoso cheque; y hace un tiempo, luego de un sueño que tuvo, se dio el trabajo de buscar a compatriotas con la misma ventaja (él lo llamaba así, “ventaja”), y formó un grupo que lo tiene bien contento. Gente con la que a menudo se reúne a, no sé… nunca hemos sabido a qué. Hablar supongo. Igual fue una sorpresa enterarnos que había al menos veinte chilenos con la misma “bienformación”. De todos ellos, nuestro amigo es el presidente.“Dame esos seis” creo que se llama la asociación. Y aunque parezca chiste, aquello lo tiene cada vez más orgulloso.
Hace poco Martín tuvo un notición, y no en algo ligado directamente a su dedo. Cinco días atrás se enteró que sería padre. Para sorpresa general, una de las muchachas con las que se acostó en esos días en el sur, apareció, no sabemos cómo, y le trajo la noticia a domicilio. Él se puso muy serio y dijo que nunca dejaría botado a un hijo suyo, que el amor de un padre no se compara y todas esas cosas, por lo que, muy al contrario de nuestros pronósticos, se responsabilizará de su paternidad con plena confianza y alegría. En el fondo él tiene la esperanza que su hijo, o hija, nacerá con su misma característica. Nos lo dijo una vez. Varias veces en realidad. Nosotros, de todo corazón, queremos que sus dedos sean solamente cinco. Si nace con seis, todo bien, pero no podríamos vivir la historia dos veces. El milagro tiene que ser al revés: la normalidad. Aunque para Martín lo milagroso sería que su descendencia tuviera seis dedos en todas sus extremidades. Y ojala, bien en el fondo de sus ganas, cuatro ojos también… para simplemente sentir que verá mejor que el resto.
Martín. Nuestro querido Martín… Su normalidad. Pensándolo bien, no es un tipo tan tan normal. Y nosotros tampoco, que lo dejamos elevarse a esta altura. Todo impulsado por su orgullo polidactilar estrella, que tantas alegrías le ha dado y, parece, le seguirá dando.
Fin



